Ciclista uruguayo Tabaré Alonso deja Honduras, la llama “tierra bendita” y pide a la población hacer a un lado la intolerancia

Ciclista uruguayo Tabaré Alonso deja Honduras, la llama “tierra bendita” y pide a la población hacer a un lado la intolerancia

Tegucigalpa, 2 de octubre. Tabaré Alonso, el uruguayo que lleva dos años y seis meses pedaleando su bicicleta por todo el continente con la intención de llegar a Alaska, se despidió de Honduras con un hermoso mensaje lleno de amor, perdón, alegría y tolerancia.

Tabaré, que fue objeto de un robo de su bicicleta que llama “América” y que la recuperó a las 58 horas, llamó a Honduras “tierra bendita” en su carta.

Destacó lugares hermosos y la jovialidad de los hondureños.

Además, agradeció los cuidados de las fuerzas militares y policiales hondureñas, las que lo resguardaron mientras cruzaba el país.

Los llamó “seres humanos” aunque al principio le incomodó su presencia porque estaba acostumbrado a pedalear en la soledad.

SENTIR EL AMOR

Ahora el uruguayo dejó Honduras no sin antes pedirle a la población dejar la intolerancia a un lado y hacer y sentir el amor todos los días.

“Vengo pedaleando en mi bicicleta desde el Sur. Ya han transcurrido a la fecha 2 años, 6 meses, 13 días y 18.500 kilómetros de experiencias donde no todo ha sido fácil. He tenido experiencias tan duras que me han dejado marcas en el cuerpo y en el alma”, señaló.

“Llego a Honduras y me adentro a recorrer cada aldea para descubrir los tesoros increíbles que guarda esta tierra bendita. De nuevo lo hago en soledad (yo, mi sueño y mi bici) hasta que una mañana nos quedamos por 58 horas sólo el sueño y yo, porque nos quitaron la bici”, recuerda en su anécdota.

“Luego de esas 58 horas, regresó mi bicicleta América. El recorrido y el sueño por conocer Honduras continuaba, pero esta vez eramos más, seguía estando yo, el mismo sueño y la misma bici, pero ahora también estarían ellos, ‘los que enviaron para cuidarme’”, relató.

¿DE QUÉ ME CUIDAN?

“Los primeros días dije ‘pucha, hasta acá llegó la magia en Honduras. ¿Cómo voy a hacer para acercarme a la gente, para compartir, para meditar con la naturaleza? Ahora están ellos aquí siguiéndome a todas partes, cuidándome pero ¿de qué me cuidan?”, cuestionó el uruguayo.

“Yo ya he recorrido más de la mitad del país y he pasado por muchas de las zonas más peligrosas sin ningún problema y sin ninguna protección, incluso he pasado por lugares tan tranquilos que el único que perturbaba la paz era yo. ¿Qué hacen estos aquí?”, se cuestionaba.

Los que acompañaban a Tabaré Alonso eran fuerzas de seguridad, los que se unieron a custodiarlo desde su estancia en San Pedro Sula y donde delincuentes comunes le robaron su bicicleta. La noticia se hizo viral en segundos.

“No los necesito y no los quiero conmigo porque lo están cambiando todo. Me enojaba unos pocos minutos y seguía pedaleando, tratando de adaptarme. Pero luego ellos preguntaban - Tabaré ¿cómo va, quiere comer con nosotros? ¡Si quiere descansar le ayudamos a pedalear”, contó en su texto público.

“¿Me la puede prestar a la América?, ¿me regala una foto para mi mamá y mi novia?, Tabaré, cuénteme sobre Uruguay, ¿qué es eso de irse para Alaska? Y así han pasado los días en un compartir increíble y diferente con estos extraños que solo están cumpliendo órdenes y que invadieron mi viaje para bien”, agregó.

“Nos reímos juntos, compartimos, bromeamos, aprendo muchas cosas de ellos. Quizás es que me estoy volviendo viejo, no les he preguntado la edad, pero los veo como si fueran mis hermanos menores, llenos de curiosidad, con una energía tremenda, como cualquier otro joven hondureño”, dijo.

“Son emprendedores, luchadores y enamorados de sus mujeres y de su tierra, humildes al 1000% siempre dispuestos a ayudar y dar lo mejor de sí para dejar en buena imagen a su tierra. ¡Ellos son así! Igual a los cientos de amigos que he hecho en cada aldea o ciudad. ¡Son iguales!”, destacó.

LIENZO DE ESTRELLAS

El aventurero ciclista cambió completamente su mal humor de la seguridad que le brindaron los agentes, disfrutó sus últimos días en Honduras y a pesar que en este país le robaron su bicicleta, aquí mismo se la devolvieron.

“Son hijos de madres hondureñas, nacidos bajo el mismo lienzo de estrellas que tiene Honduras en su cielo. Ellos, ‘los que me cuidan’ son herederos y víctimas de la misma historia en común que comparten todos o casi todos en Latinoamérica”, explicó.

“Donde algo muy malo está pasando. Estos jóvenes, ‘uniformados’, los de derecha o izquierda o los rojos, blancos, verdes o azules, (por así decirlo), son discriminados, marginados y rechazados por muchas personas”, contó Tabaré.

ODIO INFUNDADO

“Por su propia gente que los acusa y ponen sobre sus hombros todo el peso de una cruda historia que se quedó en el pasado. Incluso yo que estoy de paso por acá en la ruta hacia mi sueño, muchas veces he recibido una dosis de ese odio infundado sin razón”, expresó.

“Amigos, pido perdón, quizás yo no sea la persona indicada para escribir estas líneas, pero algo en mi interior me dice que lo que aquí pasó o sigue pasando no difiere mucho de lo que han tenido que sufrir y vivir casi todos los pueblos de nuestra América”, dijo.

El uruguayo escribió varias líneas sobre los “jóvenes uniformados” que le hicieron más alegre su estadía en Honduras. Dijo que la historia con ellos fue increíble y los llegó a considerar más que amigos, casi sus hermanos.

“Mi experiencia con estos jóvenes uniformados ha sido tan increíble que son mis amigos y casi mis hermanos, no me interesa si son militares, médicos, astronautas, ciclistas o lo que sea, solo veo en ellos su calidad como seres humanos y lo iguales que son a su gente, a pesar de ser tan excluidos y mal vistos”, señaló.

“Te pido perdón Centro América en nombre de mis nuevos hermanos que usan uniforme, ¡perdón! Llegué a Copán y apenas puse mis pies sobre su suelo sentí una corriente muy extraña en todo el cuerpo y una sensación inmensa de paz”, expresó.

“Cerré los ojos y casi pude recrear escenas grandiosas en las que los antepasados Mayas hacían una gran fiesta celebrando el nacimiento de algo o alguien, no lo sé. Pero estaban en familia todos, unidos en su gran fortaleza”, detalló.

“Ya me habían contado y advertido que este lugar tiene historias infinitas y muchos misterios, pero nunca imaginé que me erizaria la piel de esta manera. Cosas increíbles pasaron en Copán pero eso es otra historia”, dijo.

PONER EN PRÁCTICA EL AMOR

En su viaje por occidente Tabaré dijo que logró descifrar por qué la gente lo miraba así y es porque toda Honduras y América necesitan hacer el amor.

“Sentir el amor, ponerlo en práctica, dejar un poco el peso de la historia atrás y perdonar. Perdonarnos entre todos por el daño que entre hermanos nos hemos hecho. Estoy en un país pequeño pero que a la vez es muy grande”, señaló.

“¿Se imaginan lo gigante que llegarían a ser si su gente se une?, ¿si entre todos se vuelven un complemento aún con sus diferencias? Yo sí me los imagino y es algo indescriptible de hermoso y tenía que contárselos”, expresó.

“Estos niños vestidos de verde sólo están haciendo su trabajo, están cumpliendo órdenes y haciendo lo mejor que pueden hacer día a día y creo que cambiar el presente y el futuro de este gigante país, no es sólo obligación y deber de ellos”, aconsejó.

“Estos niños ‘que me cuidan’ aparte de ser militares, también son seres humanos, tienen sueños, saben andar en bici, son hijos, padres y hermanos y también darían su vida por su país”, destacó Tabaré.

¡PERDÓN!

Ya para finalizar su relato, el uruguayo recordó que América ha vivido muchas clases de guerras, incluso antes de sus ancestros.

“América, Honduras, ¡perdón perdóname y perdónalos a ellos los uniformados, los de derecha, los de izquierda, los negros, los blancos, los rojos y los morados. Es hora de entender que vivimos en un mundo evolucionado con ideas nuevas y personas que no tienen la culpa de lo que quedó en el pasado”, indicó.

“Bajemos ya las armas más peligrosas que son las ideas de discriminación. Ven Honduras y digámosle a esas personas que acostumbran a resolverlo todo a través de cualquier acto violento, a escuchar, que perdonen y que hagan el amor”, recomendó.

“Esta tierra es muy valiosa y especial como para seguir siendo presa de la intolerancia y de esta pelea entre hermanos que los acostumbró a gritarse antes que hablar. Hagamos el amor Latinoamérica todos los días”, pidió Tabaré antes de dejar Honduras.

“Nosotros tenemos el poder de construir el acto de paz más grande que puede hacerce: amar, convivir, respetar y aceptarnos entre sí, entre todos. Tabaré Alonso”, puntualizó.